Tlazolteotl y sus kilos

Soy una chica de 29 años, vivo en un país escandinavo y soy de origen latinoamericano. De niña fui terriblemente melindrosa y flaca. De esas flacas que parecen enfermas. La sonrisa forzada y el semblante triste, seco. La cosa se fue poniendo mejor en cuanto fui cumpliendo años. Pero eso sí, la grasa se iba acumulando en mi vientre. Total, no puedo ser de vientre plano porque ni mis genes ni mi alimentación me lo permiten. Además, como dijera Sara Sefchovich en su libro, Demasiado Amor: las latinas no somos como las lánguidas heroínas del cine anglosajón. Tenemos vientre, grasa, caderas y pechos.

Al principio de mis “veintes” todo iba perfecto, no es que fuera una varita de nardo, pero por lo menos no subía ni bajaba de peso. Me mantenía igualita. Tomaba Coca Cola en exceso, además de cualquier fritanga, pasando por las reglamentarias cervezas los fines de semana y no pasaba nada, nada de nada, jajaja. Por causa de amores, hubo una época en que dejé mi afición por la Coca Cola (y era un afición a fuerzas porque no le tenía confianza al agua natural de mi ciudad) y bajé de peso fácilmente.

La deblacle vino a mis 23 y todo porque me vine a vivir a Escandinavia, y entonces si que le di duro a las pastas, las papas, el arroz, el kebab, las pizzas y los jugos de frutas megaazucarados. Resultado: 10 kilos más. Era una gordibuena, jajaja. Regresé a mi dieta prehispánica y bajé esos 10 kilos de una forma fantástica, nada más que el hada que me hizo bajar nunca me dijo como mantenerme en ese peso ideal (la verdad es que yo ya no fui a ver a mi hada, porque mi vida social, laboral y amorosa me lo impedía).

Regresé a Escandinavia y después de 5 años aquí, he recuperado esos 10 kilos, poco a poquito: comiendo pasta, papas, arroz, pan, etc. de forma ilimitada y a veces a altas horas de la noche. Y eso que ya no amo la Coca Cola, hago ejercicio (incluso hasta hice Body Pump en el verano) y procuro comer todo lo que sea de grano entero.

Un día descubrí que el diablo de mi infierno se llamaba azúcar. Y bueno, heme aquí probando el famoso método GI. No sólo para perder 10 kilos sino para aprender a comer de una forma sana y balanceada.

¿Algo más de mí? Soy casada, no tengo hijos, me llamo a mi mísma feminista postcolonial, vivo en un pueblo donde todo es mediano. Me gustan los bollos de nata suecos, las salsas verdes y las arracheras. Odio el eneldo, el arenque y las alcaparras. Esta soy yo.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s